PRONUNCIAMIENTO DE JOHN HAZARD—26 DE ENERO
La Universidad Autónoma de la Ciudad de México fue fundada para que las mayorías de jóvenes sistemáticamente excluidos de las oportunidades educativas pudieran estar. Es una universidad sin costo para los estudiantes y sin filtros para ingresar. Defenderemos estas políticas con determinación. Pero por importantes que sean estos principios, la UACM es mucho más. Es un espacio para “empeñarse seriamente en la innovación de métodos de enseñanza y aprendizaje, la aplicación de criterios modernos de diseño curricular, la atención personalizada a estudiantes”. Es una escuela en donde nos comprometemos a “construir una comunidad académica” que responda “al interés de todos sus miembros y no a intereses particulares”. Cierro las citas con esta frase:
“[…] se ha determinado que el interés legítimo de los estudiantes por obtener certificados, grados y diplomas se distinga claramente del interés por el conocimiento, del interés por formarse una cultura propia, y se subordine a éste”.
El documento subversivo que cito es la Ley de la UACM, precisamente las partes 4 y 5 de la Exposición de Motivos. Los documentos que guiaron y describieron el trabajo aquí antes de que se concretara la autonomía dicen lo mismo. Quien está aquí por otras razones se equivocó de universidad.
Desde el lunes 23 de enero esperaba recibir, como culminación de la primera etapa de un proceso kafkiano, una notificación de despido de nuestra universidad. Tardó tres días en llegar. La encontré debajo de la puerta de mi casa la noche de ayer, miércoles 25. Ahora resulta que sí saben donde vivo. De lo que soy culpable es de aplicar lo aprendido en toda mi vida, dentro y fuera de las escuelas, y lo que sigo aprendiendo, para participar como un trabajador y un estudiante más en esta comunidad en construcción y de construcción: de construcción de conocimientos.
De lo que se me acusa no hay mucho que decir. Alegan dos o tres cosas frívolas que se resolverían con una breve sesión de mediación y rematan con una mentira grave que consiste en decir que a un consejero le dije una palabra amenazante y coloquial que nunca había empleado en mi vida, una palabra que es sinónimo de golpear. Las mentiras de mis acusadores están confeccionadas con el mismo lenguaje, porque sus denuncias no son originales ni dignas. Ellos son soldados obedientes como lo son la mayoría de los actuales integrantes del Consejo Universitario. Al finalizar la mal llamada o mal ejecutada “junta aclaratoria,” los dos acusadores estaban tan ansiosos por salir que firmaron el acta final sin leerla. La profesora que me acusa, en particular, se vio pálida, nerviosa, deprimida. Aunque haya logrado, por el momento, su objetivo de ser un eslabón en la cadena de mando que busca purgar a los pensadores libres de la Universidad, sabe que sus días, como los de la rectora y su grupo, son contados. Desde dentro de la oficina de los cómplices del Abogado General, me puse a ver quienes estaban. Del lado persecutor estaban los dos denunciantes y los dos abogados. Estoy seguro de que tengo más tiempo en la Universidad que todos ellos juntos. No tienen la más remota idea de qué se trata la UACM. Conmigo estaban cuatro integrantes del Comité Ejecutivo de nuestro sindicato quienes han sido mis amigos y camaradas durante varios años. Norma, Auxilio, Claudio y yo tenemos un total de más de cuarenta años en la Universidad sin que eso nos haga cansados ni caducos. Pero tampoco nos hace expertos. Por eso digo que somos trabajadores y estudiantes, porque un estudiante es quien trabaja hacia el conocimiento. La cuarta representante sindical, Donají, llegó mucho más recientemente y, como trabajadora administrativa, se arriesga mucho más que nosotros cuando alza la voz. Y siempre alza la voz. Lo hacemos porque secuestrar la UACM es un crimen, y estamos de acuerdo con José Martí cuando dijo: “Presenciar un crimen con calma es cometerlo”. Las demás irregularidades del proceso han sido expuestas por nuestro abogado Arturo Alcalde, tanto en video como en la versión estenográfica de la junta aclaratoria. No diré más sobre ello.
Mejor hablemos de qué hacer a partir de ahora. Parece que los de arriba piensan que si dejan de pagarme, como ahora van a hacer, me callarán. No entiendo su lógica. Obviamente no dejaré de trabajar, dentro y fuera de los salones designados, con los 120 estudiantes que han entrado esta semana en clases conmigo.
Ayer tuvimos una experiencia desagradable en la Comisión de Derechos Humanos del D.F. El principal investigador a cargo de nuestros casos (sin resolución desde marzo) dijo que no sabe cómo encontrar a los estudiantes que se sintieron agredidos cuando la rectora dijo que la UACM es un fraude. Pero sí sabe encontrar a los veinte o treinta estudiantes (de un total de más de 10 mil en la universidad) que hacen el trabajo sucio de la rectora y del Gobierno del Distrito Federal. Yo también sé dónde encontrarlos: en el Consejo Universitario y en el cubículo de cierta profesora en Tezonco, que, consciente o no, facilita el trabajo de este pequeño grupo que ahora hace un montaje contra Claudio Albertani. Tienen su contraparte en un número igualmente insignificante de profesores comprados por el ICyT. No son nada más que una parte indignante pero efímera de nuestra historia.
No haré en este escrito propuestas específicas pero diré que me da gusto que la comunidad se está dando cuenta de que ya basta con los atropellos de ellos, y de que ya basta con las acciones ligeras y moderadas que hemos emprendido hasta ahora. Reivindico los cinco puntos acordados en la asamblea del martes 17 de enero y daré (casi) toda mi energía para que, mucho antes de que termine este semestre, Orozco y su pandilla ya no estén en la nómina y que los trabajadores despedidos sí. Ya no quiero oír de mis amigos: “Ojalá que a la rectora le den otro trabajo.” No merece otro trabajo y no es ético mandarla a hacer daño a otra comunidad. Y no es digno de nosotros esperar que alguien nos resuelva este problema. Nosotros vamos a quitarla y vamos a decir la verdad sobre ella para que no tenga en dónde colocarse.
Más allá de las pocas personas que acabo de criticar, los demás estamos logrando una unidad ejemplar. Sigamos hablándonos, abiertamente y con respeto. Escojamos las mejores estrategias y tácticas para hacer que la UACM sea cada vez más indispensable en nuestras vidas y en la construcción, aquí y en todo el mundo, de una educación participativa, crítica y libertaria.
John Hazard
Todavía en la UACM
26 de enero de 2012
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