domingo, 12 de febrero de 2012

Manifiesto en defensa de la UACM


Manifiesto en defensa de la
Universidad Autónoma de la Ciudad de México

  La educación es uno de los retos principales de la humanidad en este principio de milenio. Las reformas que se llevan a cabo en todas partes bajo el pretexto de responder a los cambios tecnológicos y productivos de nuestro tiempo favorecen la adecuación de los sistemas educativos a la lógica empresarial, de manera que la necesidad de formar ciudadanos conscientes y capaces de vivir en un mundo en crisis, es suplantada por la pretensión de formar personas aptas para el mercado de trabajo. El resultado es la orientación exclusivamente tecno-científica del conocimiento, la parcelación del saber y la reducción de los estudiantes a objetos ignorantes de la historia, de la política y del saber crítico.
En México, nuestros gobernantes ya no consideran a la educación como derecho constitucional, sino como nicho de mercado. Creada en 2001 por decreto del entonces Jefe de Gobierno, Andrés Manuel López Obrador, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) es una institución de enseñanza superior pensada explícitamente para contrarrestar este proceso. Producto de un largo ciclo de luchas sociales a nivel local (particularmente el movimiento del Consejo General de Huelga en la UNAM, 1999-2000, y la lucha de los colonos de Iztapalapa para transformar la antigua cárcel en una escuela), pero también del ámbito nacional e internacional por una educación pública, laica, democrática y humanista, esta joven universidad se dirige expresamente a los sectores excluidos del sistema educativo dominante. Los documentos fundacionales de la UACM señalan que la educación es un derecho universal y la condición vital para la construcción de un mundo mejor.
Única  en el país, la ley de la UACM (5 de enero de 2005) establece la construcción de una comunidad universitaria fundada en el interés por el saber y sustentada en los principios de autogobierno, cooperación y apoyo mutuo. Convoca, además, al ejercicio pleno de la libertad de pensamiento, a la crítica fraternal y respetuosa, a la libre creación, al desarrollo del pensamiento autónomo y a la difusión de la cultura. La tarea de la UACM es formar profesionales, enseñar a reflexionar y decidir sobre los problemas políticos, sociales, culturales, económicos y científicos del mundo contemporáneo, para aprender a actuar, a planear, a informarse, a corregir y a organizarse  y en contra de los tabúes y la propaganda mercantilista.
En el proyecto original, los estudiantes no tienen que presentar un examen de admisión ni someterse a los tradicionales dispositivos de coacción, medición, premios y castigos. En lugar de fijar un tiempo límite para concluir los estudios (semestres, años, ciclos, etc.), pueden terminarlos según su propio ritmo, algo muy importante para personas que, en parte, son trabajadores y madres solteras. Tampoco existen los tradicionales mecanismos de “estímulo” a la productividad de los docentes: puntos, publicaciones, diplomados, etc. 
Lo anterior explica por qué la UACM se encuentra permanentemente cuestionada por el establishment educativo: es una universidad a contrapelo, una anomalía, una piedra en el zapato del capitalismo académico y de las políticas neoliberales en boga. No extraña que el tema del presupuesto siempre haya sido controversial. Según la ley, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal “asignará anualmente a esta institución, como mínimo para su presupuesto de operación, 3.4 salarios mínimos generales anuales vigentes en el D.F. por cada estudiante con dedicación ordinaria”. El dinero lo entrega la Secretaría de Finanzas del gobierno de la Ciudad; no obstante, a partir de la llegada de Marcelo Ebrard, los recursos realmente suministrados siempre han estado por debajo de esa cantidad, lo cual ha impedido que la UACM crezca e, incluso, que se terminen de construir los planteles ya existentes.
Los hechos están a la vista: cuando llegó a la rectoría la Dra. Esther Orozco, cercana colaboradora de Ebrard y ex titular del Instituto de Ciencia y Tecnología del Distrito Federal (ICyT), emprendió un triple ataque: a la autonomía universitaria, a la libertad de expresión, que es parte de la libertad de cátedra, y a los derechos laborales de los trabajadores. Además, para instrumentar una contrarreforma educativa que acabara con el carácter alternativo de nuestra institución.
Día tras día, la Dra. Orozco y sus colaboradores planearon socavar los fundamentos pedagógicos de la institución que representan, intentaron acabar con el carácter crítico y humanista de la UACM, reintroduciendo, de manera apenas disimulada, los exámenes de admisión, imponiendo un reglamento de becas discriminatorio y una meritocracia laboral ajena al espíritu de la institución. No conformes, recurren a prácticas corporativas: corrupción, nepotismo, cooptación de consejeros universitarios, otorgamiento de privilegios a profesores complacientes, acoso laboral, secuestro de cuotas sindicales, violaciones constantes al Contrato Colectivo de Trabajo así como acciones de coacción administrativo y  despido de trabajadores disidentes, tres de los cuales son miembros de la representación sindical. En la actualidad, prevalece en la UACM una suerte de macartismo académico que mantiene a la comunidad universitaria sumida en el miedo y el desconcierto.
Hay más. En una acción concertada, entre la Junta Local de Conciliación y Arbitraje (JLCA), el Gobierno del Distrito Federal y unos trabajadores coludidos con la administración universitaria, durante largos meses se estuvo regateando la llamada “toma de nota” a la Coordinación Ejecutiva del Sindicato Único de Trabajadores de la UACM (SUTUACM), elegida con voto secreto y la participación del 78 por ciento de los afiliados el pasado 27 de octubre. Recordamos que la toma de nota es una práctica de corte corporativo, que siempre ha sido rechazada por el movimiento sindical independiente.
Compañeras y compañeros: el futuro de la UACM tiene que ver con el futuro de la educación en México y, nos atrevemos a decir, en el mundo.   Nuestra universidad ha sido atacada por diferentes fuerzas políticas y por sus propias autoridades. No nos dejen solos. Invitamos a todas las personas, colectivos e instituciones que luchan por una educación pública, democrática, científica y humanista a acercarse a nuestros planteles, a informarse, a conocer nuestro proyecto educativo, a debatirlo y, sobre todo, a defenderlo.

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